La risa forzada de mujeres que en grupos arriesgan sus vidas para conseguir y llevar algo de comer a los refugios contra bombas donde han dejado encargados a sus hijos combina con las muecas -como de burla- que el rigor mortis congeló en los rostros de ancianos palestinos. Doquiera es sollozo y llantos. Varios hombres avergonzados sin razón por su impotencia ante el fuego enemigo, también tratan de ocultar sus lágrimas. En la no tan lejana Siria, el gobierno de Bashar al-Assad y su partido político escribieron y dieron a los medios copias de su indignación por la complicidad de quienes desde los principales puestos de poder en el mundo y aun desde el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no hacen nada efectivo para detener tanto derramamiento de sangre. teleSUR