El mercado de la Boqueria de Barcelona fue antaño el mercado de productos frescos más grande del mundo. Sus paradas de fruta, verduras, pescado, carne y demás productos frescos lo convirtieron en el mercado de abastos más famoso del planeta, con una fama de excelencia en la oferta de alimentos.
Ubicado en el centro de la ciudad, en pleno ‘barrio chino’, hoy renombrado barrio del Raval, la Boqueria recibía a los clientes de toda la vida, desde los vecinos del distrito a barceloneses de mayor poder adquisitivo que bajaban al centro solo para ir a la Boqueria.
La Boqueria brillaba con productos de una calidad y variedad inigualable.
La realidad hoy es muy distinta. Apenas quedan paradas de fresco, que han sido tristemente sustituidas por puestos de fruta cortada, preparada para llevar, y paradas de zumos, que no son otra cosa que agua con colorante. Todo pensado por y para el turista.
La saturación de visitantes extranjeros ha desplazado a los clientes de toda la vida, que se sienten incómodos recorriendo sus pasillos al no poder caminar tranquilamente entre tanto turista, que muchas veces solo pasea por la Boqueria para sacarse selfies en un entorno tan pintoresco.
Los paradistas históricos se quejan off de record que la culpa la tiene la dirección del mercado, que vende las paradas a extraños que desmantelan el fresco y lo sustituyen por productos enfocados únicamente a los turistas.
Y los turistas no tienen en realidad ninguna culpa, pues si al salir desembarcar de los cruceros la tripulación les indica que “¡subiendo la Rambla a la izquierda encontrarán un mercado fantástico!”, ellos, claro, suben y van. Y los vecinos, amargados, dejan de ir.