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Letizia La Fiztizia impostural y pretenciosa

2018-10-20 3 Dailymotion

HENCHIDO EL ROYAL CON LA VANITAS NO CABRÁ EN EL UNIVERSO MUNDO SIN LABRAR EN SU ALMA LA HUMILDAD EXCELSA DE LA MAJESTAD. Cuan cierto es que la funcionaria royal Letizia La Fiztizia tiene borrada la cuenta de la virtud, porque sobre ella caen de continuo las borrascas de sus impertinencias, errores, imposturas y sobrepretensiones. Es el resultado de la vanitas, ese veneno que enturbia las luces del lustre, sellando en oscuro el rojo carmesí de la disciplina, el oro refulgente de la caridad, la palidez del ayuno y el baño del llanto que, sin la luz de la virtud, no deja vislumbrar las manchas del desorden moral de la vanitas, que es la mismísima sombra del pecado. En este egregio channel aleccionamos, asistimos y damos socorro a las reales figurillas, en pos de la alegría del combatir su miserable naturaleza flaca y escasa como humanos, porque si la ignorancia es la maestra de todos los errores, la enseñanza es la doctora de todas las culpas, ya que el alma ha de emplearse para las virtudes, en tanto que el cuerpo ha de serlo en las mortificaciones. Las obras de la regia magistratura se han de tasar, medir y nivelar con la medida de la perfección mística, como con el arte de conducirse en donosos ademanes, serenidad del vivir en sí, pero fuera de sí porque ha de revivir en el alma del royal la virtud sobrenatural del misterio icónico que infunde la real potestad, cautivadora de la admiración general. Enseñamos a que arda en el pecho del funcionario royal la pasión virtuosa de ejercer canónicamente, para que se encienda en su corazón la llama votiva del carisma y del liderazgo de su reino. Por eso siempre hay que ajustar, nivelar y medir cada gesto, cada acto, cada intento, cada postura, cada promulgación, evitando el dislate de los excesos, la improvisación, el apasionamiento, el descomedimiento, y, desde luego, la vanitas. Así pues moderar, reglar y ajustar todas las obras de la monarquía. En la videola que presentamos hoy a nuestra fausta audiencia, contemplamos a la funcionaria royal Letizia La Fiztizia comportándose sin virtud alguna, yendo y viniendo de impostora de gestos y dándoselas de pretenciosa, simplemente porque cree que sobreactuando en un escenáculo internacional, va a lograr atraerse las bondades de la fama y el agasajo elevándose como una virgen santa, lo que no solo carece de facilidad sino que es lo más de lo imposible y sin ningún mérito.