Emilio Botín no quería hablar de jubilación, aunque con 79 años no podía evitar que se lo preguntaran ya todos los años."Que no me lo vuelvan a preguntar porque voy a estar todo el tiempo que haga falta porque además me divierte muchísimo", comentó en enero de este mismo año. Botín era de los pocos banqueros que arrancaba siempre algunas risas en sus ruedas de prensa. Un hombre carismático y directo. Sucedió a su padre con 52 años al frente del Santander. Era listo y ambicioso. Un banquero sin complejos con muy buena memoria para los números y un estilo muy personal para los negocios. Siempre con su eterna corbata roja, aunque no siempre fue así. También tuvo sus sombras: unas cuentas secretas en Suiza que tuvo que regularizar y un par de casos judiciales relacionados con la gestión de la entidad. Salió intacto de todos ellos. Era un banquero poderoso y campechano al mismo tiempo. Aficionado al golf saltó al mundo del patrocinio con la Fórmula Uno. Tenía tanta personalidad que le quitaba el micrófono a Fernando Alonso para dirigir la rueda de prensa. Hasta en eso tenía las cosas claras.