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Él es Stan y, hasta hace poco, era el abusivo más grande de su escuela.
Era el típico sujeto que molestaba a los demás. Ahora le da mucha vergüenza entrar en detalles, pero muchos niños le tenían miedo. Solía buscar a los que consideraba débiles o raros, y hasta tenía compañeros que lo seguían y lo “ayudaban”.
Y ella tenía buenas razones para eso. El papá de Stan los había abandonado cuando él era un niño, y fue muy duro para su mamá mantenerlo a él y a sus hermanos. Lo cierto es que… A Stan no le gustaba mucho estar en casa, no le resultaba nada agradable, así que pasaba casi todo el día con sus amigos.
Los profesores lo ignoraban, creían que no era muy listo y que no tenía un futuro. Para ser honesto, Stan creía lo mismo.
Había un chico en su escuela. Su nombre era Julián, y Stan lo ODIABA. Era muy pequeño y usaba lentes, siempre obtenía buenas calificaciones y los profesores lo adoraban. Eso lo molestaba mucho, así que decidió convertirlo en su siguiente víctima.
Stan se sentaba a su lado y se burlaba de él de muchas maneras: le inventaba apodos, le quitaba sus cosas y le hacía bullying. Con frecuencia. Todos los días. Y Julián nunca hacía nada, solo le pedía con amabilidad que se detuviera, demasiado asustado como para mirarlo a los ojos. Eso molestaba aún más a Stan.
Pasaron los meses y no se detuvo. Julián llegó al punto de quedarse sentado en clase durante los recesos para que Stan no pudiera molestarlo.
Hasta que, un día, Julián dejó de ir a la escuela. Stan creyó que se había enfermado, pero tampoco le importó demasiado, no era el único al que solía molestar.
Una tarde, su mama se molestó mucho con él, básicamente por todo: sus notas, su actitud. Stan no quería escucharla, así que se fue de la casa cuando ella dormía.
Caminaba por la calle, molesto con todos los que tenían vidas normales. Sabía que todo lo que tenía que hacer era decirle “lo siento” a su mamá para que lo dejara entrar, pero no quería hacerlo. Comenzó a hacer mucho frío afuera, y Stan tenía mucha hambre, así que llamó a sus amigos con la esperanza de que uno de ellos lo dejara pasar la noche en su casa. Todos dijeron “no”, y ninguno dio una buena razón.
Mientras caminaba, notó a Julián en una tienda. Él no lo vio, Stan decidió acercarse. Lo notó visiblemente asustado. Quizá fuera porque no había personas a su alrededor, pero no sintió la necesidad de molestarlo. Hablaron de distintos temas y finalmente Stan le contó su situación.
Le preguntó si podía pasar la noche en su casa. Era obvio que él no quería, pero… era tan amable que dijo que sí. Regresaron juntos. Stan se quedó SIN PALABRAS cuando vio que Julián vivía incluso peor que él. Su c