Paraguaya de nacimiento, pero misionera por adopción, hizo su vida en Urquiza junto a su esposo y sus dos hijos. De la época de gloria sin dudas recuerda la década del 40 y del 50, cuando la Tung Oil producía aceite y esa actividad era el motor de trabajo de toda la región. Luego vinieron los años difíciles, pero a fuerza de trabajo, en la chacra, salieron adelante. Hoy ya sin su compañero de vida, la luz de sus ojos son sus nietos, Joana y David, quien vive con ella y la acompaña en su vivienda del Barrio Industrial.
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