La diabetes es una enfermedad que no entiende de fronteras: se estima que el 10,5% de la población adulta (20-79 años) tiene diabetes, y casi la mitad desconoce que la padece.
Mantener la glucemia bajo control puede prevenir complicaciones, y factores como la dieta, el ejercicio y el estrés influyen en los niveles de glucosa.
La glucosa es la principal fuente de energía, resultado de la digestión de los hidratos de carbono, y el páncreas produce insulina para ayudar a su absorción.
Unos niveles elevados de glucosa pueden provocar resistencia a la insulina, dañar el organismo y aumentar el riesgo de diabetes.
Los análisis de hemoglobina glucosilada y glucosa miden los niveles de azúcar en sangre y son esenciales para diagnosticar la diabetes.
La frecuencia de las pruebas depende de la salud y los factores de riesgo, y se recomienda empezar a partir de los 35 años o antes para las personas de riesgo.
Los alimentos ricos en carbohidratos y azúcares aumentan los niveles de glucosa, mientras que las proteínas y las grasas ayudan a estabilizarlos.
Saltarse comidas y consumir alcohol puede reducir la glucemia, sobre todo en los diabéticos.
El ejercicio ayuda a bajar la glucosa, mientras que el estrés y la falta de sueño pueden elevar los niveles de azúcar en sangre.
Para controlar la glucosa, se recomienda dividir el plato en verduras de hoja verde, proteínas magras e hidratos de carbono.
El ejercicio regular, por breve que sea, es beneficioso para controlar el azúcar y perder peso.
Medicamentos como la metformina y las sulfonilureas ayudan a controlar los niveles de glucosa, y opciones como el Ozempic y la insulina se utilizan cuando es necesario.