En el gráfico del Valle Inquietante, pasamos de una aspiradora robot (indiferencia) a un brazo robótico (aceptación) hasta llegar a los robots humanoides. El problema es ese "espacio en el medio": cuando el robot tiene piel, rasgos y expresiones casi humanas, pero nuestro cerebro detecta que algo "no está bien".
Es ahà donde el impacto se convierte en inquietud.
Si en el futuro los robots fueran indistinguibles de las personas, ¿creés que podrÃas llegar a sentir cariño real por uno de ellos?
#PGTech #EstoYaPasóMañana