Ocho años después del brutal crimen que conmocionó al país, la vida de Nahir Galarza transcurre entre los muros de la Unidad Penal N° 6 de Paraná. Condenada a prisión perpetua por asesinar a su novio, Fernando Pastorizzo, de dos balazos por la espalda en Gualeguaychú, la que fuera la mujer más joven en recibir esa sentencia en Argentina intenta estructurar su rutina tras las rejas. Con 27 años, estudia Psicología Social, asiste a talleres de costura, practica yoga y concurre a la iglesia de la cárcel. Sin embargo, su petición de acceder a redes sociales y tener un celular propio fue rechazada por la Justicia, un recordatorio estricto de las reglas que sigue infringiendo, como cuando en 2019 publicó desde su celda fotos con la frase "Cumpliendo la maldita condena", lo que le valió una sanción de aislamiento. Su abogado busca mejorar sus condiciones de encierro, pero la realidad es que, tras la confirmación de la Corte Suprema, Nahir Galarza no podrá aspirar a la libertad hasta 2052. Una vida entera por delante dentro de la prisión, lejos del mundo digital y marcada para siempre por una decisión fatal de la que, a ocho años, no hay vuelta atrás.