Eloy Peña salió de su casa como cada mañana, antes de que el sol terminara de levantarse. Tenía 52 años y una rutina marcada por el trabajo, el esfuerzo y una promesa repetida a su esposa: dejar la mina tan pronto terminaran la casa que construían juntos.
No imaginó que ese jueves, alrededor de las 11:00 de la mañana, su vida quedaría sepultada bajo toneladas de tierra en una mina de materiales ubicada en el municipio San Gregorio de Nigua, provincia San Cristóbal.