China ha cerrado uno de los capítulos más oscuros de la criminalidad transnacional en el Sudeste Asiático con la ejecución de 11 integrantes de la familia Ming, un clan mafioso que gobernó de facto zonas del norte de Birmania. La sentencia, dictada originalmente por un tribunal de la provincia de Zhejiang y ratificada por el Tribunal Popular Supremo de Pekín, responde a graves delitos de homicidio, fraude, detención ilegal y gestión de centros de juego.