A los 105 años, doña Magdalena Egrí está lista para ejercer su derecho al voto, un acto de profunda gratitud y compromiso cívico en Costa Rica. Esta resiliente mujer, sobreviviente de un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial, encontró refugio y una nueva vida en suelo costarricense en 1950.
Su historia es un testimonio de esperanza y reconstrucción. Huyendo de la represión en Hungría, llegó a un país que le ofreció paz y la oportunidad de forjar un futuro. Doña Magdalena no solo se integró a la sociedad, sino que también compartió su rica cultura y gastronomía, siendo recordada por la emblemática pastelería Budapest.
Desde que se naturalizó costarricense, ha participado activamente en cada proceso electoral, viendo en el voto una herramienta fundamental para el bienestar del país que la acogió. Su ejemplo inspira a muchos a valorar la democracia y a ejercer su ciudadanía con responsabilidad.
Este domingo, doña Magdalena acudirá a las urnas temprano, reafirmando su compromiso con Costa Rica. A su edad, su voz y su voto continúan siendo un poderoso recordatorio de la importancia de participar y de la resiliencia del espíritu humano.
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