Todo pasó cuando Rudy Gobert cometió una falta flagrante. El jugador rival reaccionó mal, le lanzó el balón… y fue expulsado. Como ya no podía tirar los tiros libres, el reglamento permite que cualquier jugador disponible lo haga en su lugar.
Y aquí viene lo increíble: durante los tiros libres, el reloj está detenido. Así que el entrenador llamó a un jugador que casi nunca entraba… Freeman.
Entró, metió los dos tiros libres… y volvió al banquillo.
Resultado final: dos puntos en la estadística… ¡y cero segundos jugados!