La conversación arranca casi sin avisar. «¿Estamos grabando o no?», pregunta Ferran Adrià entre risas cuando ya está en el aire. El tono será ese durante toda la entrevista en ‘La charleta educativa’: directo, provocador y sin concesiones.
Adrià, impulsor de proyectos con Harvard, MIT o Columbia y creador de la metodología Sapiens, acude a la redacción de Magisterio con una idea clara: «Para mejorar el mundo hay que comprenderlo y para comprenderlo hay que saber cómo se ha construido». Desde ahí despliega una reflexión que va mucho más allá de la cocina.
La IA no es conocimiento
La inteligencia artificial es el primer gran asunto. Adrià pide frenar el entusiasmo acrítico. «Primero hay que saber qué es», advierte. Y lanza una distinción clave: «Google o el ChatGPT dan información, no conocimiento; el conocimiento lo conviertes tú».
Para el chef, el problema no es la herramienta, sino cómo la utilizamos y cómo aprende el cerebro. Él mismo escribe siempre a lápiz y repite varias veces las ideas para fijarlas. «Nuestro cerebro está entrenado para el esfuerzo», recuerda. Por eso insiste en que la escuela debe enseñar a transformar datos en comprensión, conectando ideas y contextos.
Ahí encaja su método Sapiens, que combina enfoques léxicos, comparativos, históricos y sistémicos para estructurar el pensamiento. «Conectar sistemas» es, a su juicio, la clave para entender realidades complejas como la educación o la gastronomía.
Grabar las clases y eliminar exámenes escritos
Adrià no elude la polémica. Propone medidas concretas: grabar todas las clases presenciales para que puedan revisarse y compartirse entre docentes y alumnos. «¿Por qué no se graban?», se pregunta, recordando lo aprendido durante la pandemia.
También apuesta por un cambio radical en la evaluación: «Se han acabado los exámenes escritos; todos orales», sostiene. En su opinión, la memorización mecánica pierde sentido en un contexto donde la información está a un clic. La clave es comprender, argumentar y tomar decisiones.
En la misma línea se muestra contrario al uso indiscriminado del móvil en el aula universitaria, que considera una «falta de respeto» al profesor, y propone pausas reguladas para su consulta. «Lo importante no es señalar el problema, sino ofrecer soluciones», subraya.