No hubo sorpresas en la Asamblea de Extremadura. Por segunda vez en apenas 48 horas, los once diputados autonómicos de Vox votaron en contra de la candidatura de María Guardiola a la presidencia de la Junta, lo que impide su investidura y activa ahora un periodo de dos meses en el que los partidos podrán intentar alcanzar un acuerdo antes de que se convoquen de nuevo elecciones autonómicas. La votación confirmó el bloqueo político que se arrastra desde los comicios y dejó a la candidata del PP sin los apoyos necesarios para gobernar.
"Nosotros estamos dispuestos, pero también somos fieles a la palabra dada a nuestros votantes", señaló desde la tribuna de oradores Óscar Fernández Calle, portavoz de Vox en la cámara extremeña, al justificar el sentido del voto de su grupo. Antes de la sesión, el presidente nacional de la formación, Santiago Abascal, había dejado abierta una puerta a una eventual negociación: "Todavía hay mucho tiempo para ello".
La protagonista de la jornada fue la baronesa del PP, situada en el centro del debate y del foco político, recibiendo las críticas de todos los grupos parlamentarios, desde el PSOE hasta Unidas Podemos, además de Vox, que votaron en bloque en su contra. Habría bastado la abstención del partido de Abascal para que prosperara la investidura, pero finalmente no se produjo. Aun así, Guardiola apeló a la responsabilidad de sus rivales: "Mi obligación no es rendirme, pido que nos dejen gobernar a quien ha ganado las elecciones con un apoyo de más del 43% porque por encima de todo están las familias extremeñas".