Honestamente, no hay quien se entere de nada.
Los que parecían de unos y se abrazan con otros, tan pronto se enemistan con los otros de más allá y, por tanto, son nuevos mejores amigos de los de más acá. Y así de constante.
Que el juego de la política es tremendamente perverso ya lo sabíamos todos, pero cada día se manifiesta más como exacerbadamente dantesco.