Allá ellos, que se creyeron y se creen el cuento de que sus cargos son el resultado de su sabiduría y su actitud. Allá ellos, que no se han percatado de que un cargo es un nombramiento de alguien con ciertos intereses o una elección contaminada, comprada, y ese cargo, esa posición, ese nombramiento, no implican necesariamente grandes verdades ni estudios ni infinitos merecimientos. Sólo conveniencia, una lógica, cruda y desnuda conveniencia. Allá ellos, que se mintieron y se siguen mintiendo y mienten, y confundieron el poder de un cargo, con el poder hacer, con el poder crear, y se enfrascaron en la obsesión de dominar.