Un día aquellos mismos que nos llamaban a hacer tareas y demás, nos dijeron que debíamos ser los mejores, porque ellos habían sido los mejores y porque el mundo era de los mejores. Entonces el compañero de los viejos juegos dejó de ser compañero para ser rival, y el juego dejó de ser lo esencial porque lo importante fue ganar. Dejamos de saltar por saltar, dejamos de correr por correr y no volvimos a mirar hacia atrás.