En el marco del Día Internacional de la Danza, Omayra Castro comparte una historia construida entre disciplina, pasión y escenarios. A sus 23 años, la joven bailarina, coreógrafa y docente encontró en la danza mucho más que una profesión: una forma de existir y de expresar todo aquello que no cabe en las palabras.
Desde bailar en la sala de su casa siendo una niña tímida, hasta formar parte de una residencia con la compañía Ceprodac en Ciudad de México, Omayra ha convertido el movimiento en su propio lenguaje. Hoy también enfrenta los retos de vivir del arte en Mexicali, donde la danza aún lucha por consolidarse como una profesión reconocida.
“La danza es todo lo que soy”, asegura, mientras continúa preparando nuevos proyectos como “Güelcom to Baja California”, buscando abrir más espacios para los talentos locales y demostrar que el arte también transforma fronteras.