Lanza como un as. Batea como un jonronero. Corre como un velocista. Shohei Ohtani no es solo una estrella: es una anomalía histórica. En Japón es símbolo nacional. En Estados Unidos es el contrato más grande que ha visto la MLB. Detrás de su nombre hay una revolución silenciosa que redefinió lo que parecía imposible en el béisbol.