El 31 de mayo de 1906, las calles de Madrid amanecieron engalanadas. Banderas, flores y arcos de triunfo cubrían el recorrido por el que pasaría el cortejo nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg.
La capital celebraba una boda real que pretendía simbolizar estabilidad para una monarquía acosada por las tensiones sociales y políticas de principios del siglo XX, pero todo se truncó cuando a las 13.55 horas, una explosión convirtió la fiesta en un baño de sangre.
Desde un balcón del número 88 de la calle Mayor, un joven anarquista llamado Mateo Morral lanzó una bomba escondida en un ramo de flores contra la carroza real.