Durante la despedida, su hermano Nito Encina definió la pérdida como un golpe para la familia y para toda la cultura misionera. “Moni era un ídolo popular. Era un niño con mucha edad. Un niño viejo. De chico tuvo un retraso madurativo y nunca se desarrolló mucho su cerebro. Pero tenía la gracia y tenía la empatía y tenía el carisma que no se compra con dinero. Carisma natural”, expresó.
Recordó además que el artista construyó una conexión única con la gente a partir de su autenticidad. “Era el artista, era el ídolo del pueblo pobre. No era un artista de un conservatorio o de una sala lírica. Era un verdadero músico popular. Él adoraba a su gente y su gente lo adoraba a él”, afirmó.