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Alfonso Rojo: "Todos los caminos llevan a Sánchez, el yerno del proxeneta"

2026-06-09 196 Dailymotion

Hubo un tiempo en el que todos los caminos llevaban a Roma. Ahora, todos conducen a Pedro Sánchez.

Durante meses, hemos asistido —muertos de risa y de indignación— a un goteo incesante de sumarios, registros y detenciones que parecían ramificarse en direcciones distintas: el caso Koldo, las ‘sobrinas’ de Ábalos, las magancias de Cerdán, la catedral de Begoña, el tinglado del hermano músico, la estafa de Plus Ultra, las joyas de Zapatero, la cloaca de Leire…

Escándalos que el aparato de propaganda oficial y la Brunete Pedrete periodística han tratado de presentar como hechos aislados, perpetrados por garbanzos negros.

No, damas y caballeros: aquí lo que está podrido es todo el cocido.

Y el chef era y es Sánchez.

Al ONE y designaciones similares, las notas de Leire han añadido una nueva y definitiva nomenclatura: las siglas PS.

Hay cuatro indicios que apuntan de forma inequívoca al amo del PSOE. Y el más claro es el del “abogado del hermano de PS”.

Y el más sonrojante —para un periodista, por lo menos— es aquel en el que, tras reseñar que el armenio Oughourlian desembarca como accionista mayoritario en el Grupo Prisa (dueño de El País y la Cadena SER), certifica:

«La línea editorial la marca PS y la estrategia Joseph».

Frente al aluvión de basura, el último muro defensivo del Gobierno Frankenstein y sus fieles Brunete Pedrete se reduce a repetir desesperadamente que no hay sentencia firme.

De momento, como tampoco hay todavía imputación del PSOE ni del marido de Begoña. Pero confundir responsabilidad penal y responsabilidad política es una estafa a la ciudadanía.

La Justicia debe determinar si hay delito; la política debe determinar si un presidente puede seguir gobernando.

Con todo, el error más grave es contemplar este escenario solo como corrupción. El tráfico de influencias, las comisiones o el nepotismo —que son incontestables— son sólo el síntoma superficial.

Lo decisivo no es que Sánchez y su cuadrilla de maleantes se hayan lucrado como mafiosos, sino que desde el poder han conspirado para neutralizar los contrapesos que hacen viable una democracia.

Los famosos cinco días de reflexión del presidente no sirvieron para la meditación íntima, sino para diseñar y activar una sucia contraofensiva.

El amo del PSOE usó esos cinco días —en los que aparentemente estaba llorando en el cuarto de baño, roto de amor por Begoña— para activar frenético un ataque sin precedentes contra el Estado de Derecho, poniendo en la diana a los jueces que instruyen, a los fiscales que no se pliegan, a los guardias civiles que redactan los informes y a los periodistas no adictos al régimen.

Lo que está en juego ahora no es el destino judicial de un presidente corrupto que debe ir a la cárcel, sino la supervivencia misma del Estado de Derecho, de la democracia y de la libertad.