La defensa de Jonathan Andic cree que la "desesperación" que mostró en su llamada al teléfono de emergencias 112 para alertar entre sollozos de la caída de su padre, el fundador de Mango, es "abiertamente natural" y que nadie que hubiese premeditado su asesinato hubiese podido simularla: "es materialmente imposible".