El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha protagonizado una de las intervenciones más contundentes del debate sobre corrupción en el Congreso, donde ha reprochado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que su comparecencia "llega tarde y mal cuando ya hay gente condenada" y que el Ejecutivo sigue instalado en el "y tú más, el y tú peor y el yo no sabía nada".
Desde la tribuna, Rufián se ha dirigido directamente a Sánchez con una interpelación de alto voltaje político: "Míreme a los ojos y dígame si sabía algo, si los socialistas han robado, si tiene pecado". Además, ha recordado la relación del exministro José Luis Ábalos con el presidente, señalando que era "el hombre del presidente y que su palabra era la palabra de Sánchez", insistiendo en que el problema del jefe del Ejecutivo no es con la oposición, sino con la "gente decepcionada".
El portavoz independentista ha criticado tanto a la derecha como a la izquierda, repartiendo responsabilidades entre distintas figuras políticas. Ha calificado a Felipe González de "traidor", a Mariano Rajoy de "jeta", a José María Aznar de "señor de la guerra", a Alberto Núñez Feijóo de haber “matado políticamente” a su antecesor, y a Isabel Díaz Ayuso de haber “dejado morir a miles de personas durante la pandemia”. Tras ello, ha ironizado: "Pero… ¿y qué?", en referencia a la reiteración de escándalos políticos.
Rufián también ha defendido que “la derecha tiene intereses y la izquierda tiene principios”, aunque ha admitido el desgaste que generan los casos de corrupción en el electorado progresista. En este sentido, ha insistido en que cuando la izquierda falla, “la gente llora”, mientras que cuando lo hace la derecha, “la gente ficha”.
En el tramo final de su intervención, el portavoz de ERC ha pedido regular la figura de los expresidentes y ha advertido a Sánchez de las consecuencias de su estrategia de resistencia política. También ha instado al PP a presentar una moción de censura y ha asegurado que otras fuerzas, como Junts, podrían apoyarla.
El discurso de Rufián ha elevado la tensión del debate, dejando una de las intervenciones más duras de la jornada parlamentaria sobre corrupción.