Seguro que ya se han dado cuenta, sobre todo si mantienen el perverso y masoquista vicio de ver tertulias y programas pseudoinformativos en las cadenas de televisión convencional, de que los locutores suelen tratar con guante de seda a separatistas y proetarras como Nogueras, Rufián, Esteban o Aizpurua, y cargan a cuchillo cuando se les pone a tiro alguien como Santiago Abascal.
El otro día, en Telecinco, en una de esas operaciones de intento de desguace, escuché al líder de VOX decir que el futuro del socialista Sánchez es el banquillo.
Pues no, damas y caballeros. Si en España hay justicia digna de ese nombre, donde tiene que ir el marido de Begoña, más pronto que tarde, es a la cárcel.
Por una simple razón: todas las tramas de corrupción que recorren de arriba abajo al PSOE y al Gobierno Frankenstein terminan en él.
Nada, ni las sobrinas cachondas, ni las mordidas infames, ni las orgías de parador, ni los apaños con regímenes abyectos, las cloacas siniestras o los enchufes sonrojantes, hubiera sido posible sin él. Y todo, además, se ha hecho y se sigue haciendo por él y para él.
La declaración del empresario Joaquín Parra ante la Audiencia Nacional este miércoles añade un nuevo y contundente eslabón a la cadena de indicios judiciales que señalan directamente al presidente del Gobierno.
Parra confesó que la fontanera Leire le aseguró que actuaba «en nombre de Pedro» y «de parte del Gobierno», para recabar información sucia sobre jueces y fiscales. Y añadió que Pedro conocía esas gestiones.
Este testimonio se suma a los que, de forma reiterada, ha dado Aldama, a lo que suelta a media voz por los platós el hijo de Ábalos y a lo que emerge de todos los dossiers.
Sánchez, el amo del PSOE, es el número 1. El capo de la mafia.
Y ya pueden los paniaguados de la Brunete mediática repetir como una letanía que el pobre no se enteraba.
Termina en la cárcel. Sí o sí.