Los ataques ucranianos contra las refinerías rusas están golpeando cada vez más la vida cotidiana en Rusia: escasez de combustible, colas de varias horas en las gasolineras y precios disparados afectan ya a la mayoría de las regiones del país. Según datos analizados por Meduza, entre enero y junio el volumen de compraventa de gasolina y diésel cayó un 47%, mientras que el precio promedio subió un 46%.
La crisis golpea con especial fuerza al sector agrícola, donde la falta de diésel amenaza la cosecha, y a la Crimea ocupada, donde los ataques con drones a los camiones cisterna han disparado el precio de la gasolina hasta niveles extremos. Putin reconoció públicamente por primera vez la existencia de colas en las gasolineras, aunque aseguró que la situación "no es crítica". El Kremlin, por su parte, atribuye la crisis a una supuesta "campaña de desinformación" ucraniana y no a la guerra misma.