Supongo que están al tanto, damas y caballeros, de que el pescado empieza a pudrirse siempre por la cabeza.
Y como no podía ser de otra manera, este enorme besugo maloliente que es el PSOE comenzó a descomponerse por arriba.
No por las escamas, por la cola o por las tripas, que a estas alturas apestan, sino por la cabeza.
Desde el primer instante, porque nada más meterse Sánchez en La Moncloa, arropado por proetarras y separatistas, se pusieron a robar como si no hubiera mañana.
Y lo hicieron a la sombra se proyectó, bajo el paraguas, de su jefe, como ha quedado patente con Ábalos, Koldo o Cerdán.
El rescate, a cuenta del sufrido contribuyente español, de Plus Ultra, una empresa chavista sin empleados, sin aviones y sin interés estratégico alguno para nosotros, salió adelante gracias al Gobierno Sánchez. Y Zapatero se embolsó 530.000 euros de comisión, porque al marido de Begoña le salió de las pelotas.
Julito, el testaferro con cara de asustado que ha optado por la Vía Aldama y está cantando como un jilguero, no se ha atrevido, todavía, a dar los nombres de los gerifaltes socialistas a los que "tocó" ZP para que la autoridad competente diera luz verde al asunto.
No ha citado a Sánchez, pero no hay que ser un lince para concluir que la clave de todo, la piedra angular, el elemento clave —en esto como en todas las tramas anteriores— es el amo del PSOE. Zapatero delinquió y, para hacerlo y forrarse, contó con Sánchez.
Malamente, los socialistas, sus compinches políticos y la envilecida Brunete Pedrete Mediática, intentan parapetarse ahora en que todo fue "legal" y llegó bendecido por funcionarios de rango medio y por la degradada SEPI, pero no cuela.
La SEPI depende orgánicamente del Ministerio de Hacienda, y tanto Fernández —el que se beneficiaba simultáneamente a la fontanera Leire y a Chiqui Montero— como Belén Gualda están ya imputados por corrupción.
Julito endosa de salida a Zapatero cuatro delitos que sumarían hasta 22 años de cárcel: tráfico de influencias, blanqueo, falsedad y organización criminal.
No ha revelado, como he dicho antes, quién era el personaje al que acudía su antiguo jefe —el que, según sus propias palabras, "mandaba y manejaba"— para que el Consejo de Ministros aprobara los 53 millones del rescate a Plus Ultra. No ha dado un nombre, pero nunca la X de la corrupción, el capo de la mafia, ha sido tan evidente.
Se llama Pedro Sánchez. Y no descarten que Zapatero, la próxima vez que lo convoque el juez Calama, deje caer su nombre.