La izquierda ahoga al campo y a los agricultores con la Agenda 2030 y sus políticas ecologistas.
Carlos Cuesta, director adjunto del Grupo Libertad Digital, ofreció un certero análisis ante los incendios que abrasan España un verano más. Lo hizo en 'En boca de todos' (Cuatro) este lunes 27 de julio de 2027 con una durísima reflexión sobre el abandono del campo y la falta de gestión.
El periodista planteó una pregunta incómoda al Gobierno: después de ocho años en el poder invocando la emergencia climática, ¿cuál ha sido el resultado real de miles de normas ambientales? Según sus cálculos, entre la Unión Europea, el Gobierno de España y el Parlamento Español se han aprobado más de 2.000 normas que afectan al sector primario. Si se añaden las regulaciones autonómicas, el resultado es demoledor: una norma por día durante ocho años que limita o impide la explotación del campo.
Ejemplos de la sobrerregulación
La crítica de Cuesta incluye ejemplos concretos que ilustran el absurdo burocrático al que se enfrentan los agricultores y ganaderos:
Restricciones por zonas protegidas: limitaciones para recoger piñas o pastorear cabras según el calendario y la ubicación.
DNI para gallinas: identificación obligatoria de aves de corral.
El "diario de la vaca": sistema de geolocalización del ganado bovino donde los ganaderos deben registrar diariamente en qué zonas de pasto se encuentran los animales y el estado de protección del suelo.
Protección obligatoria del suelo en cultivos frutales, con argumentos que los propios agricultores consideran desconectados de la realidad práctica.
La masa forestal como problema
Cuesta aportó un dato revelador: España ha pasado del 27% de masa arbolada en los años 90 al 37% actual. Esta política de incremento forestal, sin la gestión adecuada, genera una paradoja peligrosa. Cuando llega el calor y la época seca, esa masa vegetal se convierte en combustible acumulado que facilita los grandes incendios.
"¡Vamos a dejarnos ya de tanta mamarrachada y vamos a empezar a cuidar el campo!", exclamó el periodista.
"La normativa ultraecologista ha dejado el campo convertido en una auténtica pira", afirmó Cuesta, señalando que la falta de explotación y mantenimiento del terreno ha creado las condiciones perfectas para los desastres que precisamente se pretendían evitar.
La solución: dejar trabajar a quien conoce el campo
La propuesta del periodista es simple pero contundente: permitir que la gente del campo trabaje. Frente a la acumulación normativa que dificulta el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, Cuesta defendió que quienes mejor cuidan el territorio son precisamente quienes viven de él y conocen sus ciclos. La preparación del terreno, la gestión de la masa forestal y el mantenimiento de las zonas rurales requieren actividad humana, no su prohibición mediante una maraña de regulaciones que imposibilitan la supervivencia del sector primario, aclaró Cuesta.