Lo que en 1936 nació como un puente entre la academia y las comunidades marginadas, hoy es una de las experiencias más transformadoras para los futuros médicos de la UNAM. Nueve décadas después, el servicio social médico no sólo sigue vigente: se ha vuelto más necesario en un país con profundas desigualdades en el acceso a la salud.
Cada año, miles de estudiantes llevan consultas, prevención y esperanza a localidades donde un médico puede ser la única autoridad sanitaria en kilómetros a la redonda.
A 90 años después, sigue siendo la columna vertebral de una universidad que entiende que su conocimiento sólo vale si se comparte.