Un grupo de voluntarias ucranianas fabrica capas especiales capaces de reducir la huella térmica de los soldados y dificultar su detección por parte de los drones rusos equipados con cámaras térmicas. Estos ponchos, elaborados con materiales aislantes y estampados de camuflaje, se han convertido en una herramienta clave para las tropas que recorren a pie la línea del frente, donde la vigilancia aérea es constante. El pequeño taller produce alrededor de un centenar de unidades a la semana y ya ha entregado más de 2.000 desde el inicio de la guerra.