En medio de las dolorosas jornadas que atraviesa el país tras el devastador terremoto, las historias de solidaridad continúan encendiendo la esperanza.
Un humilde vendedor ambulante de helados se acercó a uno de los principales puntos de acopio para entregar varias latas de sardinas, un aporte salido directamente de sus ingresos diarios para ayudar a las familias damnificadas. Movido por la pura empatía, demostró que para tenderle la mano a quien lo necesita no se requieren grandes riquezas, solo la voluntad de ayudar. Una verdadera lección de humanidad.