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No podía dejar de Vomitar para Adelgazar

2019-09-28 7 Dailymotion

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Esta es Jade y es gorda. Así es como se hubiera presentado hace unos años, cuando era bulímica. Quiere advertirles sobre los peligros de los desórdenes alimenticios. Esto es lo que le ocurrió a ella.

Jade siempre había sido una perfeccionista. Todo a su alrededor debía ser perfecto: su habitación, sus notas, su apariencia. Y también su mejor amiga. Su nombre era Joanne, y se conocieron a los 12. Jade la veía como la mejor amiga que una chica pudiera tener, era inteligente, atenta y amable. Cuando llegó a los primeros años de la adolescencia, su cuerpo comenzó a cambiar, y su lucha por ser perfecta se dificultó mucho. Creía que había algo malo en ella.

Joanne seguía siendo muy atenta, pero Jade ya no se sentía cómoda con su apoyo. Siempre hacía pequeños comentarios inocentes, como: “Sabes, mi tía me regaló unos jeans que son muy grandes para mí. ¿Los quieres? ¡Seguro te quedan bien!”. O “¡Te admiro por todo lo que estudias! ¡Siempre dije que ser inteligente es más importante que verse bien!”. Eso llevó a Jade a creer que de verdad era fea y gorda. El sentimiento empeoraba con los días, hasta que un día decidió hacer algo al respecto. Debía perder peso.
No creas que ella era gorda. Era absolutamente normal, incluso delgada, pero en su imaginación era una horrible criatura del tamaño de Godzilla. Muchas veces, las manipulaciones y las obsesiones alteran nuestra visión. Jade seguía siendo la de siempre, pero estaba convencida de que tenía grasa por todas partes. Decidió contar sus calorías y dejar de comer tanto. Estableció un límite de 800 calorías diarias, pero a veces se obsesionaba tanto que ni siquiera llegaba a eso. Un par de semanas después de haber comenzado la dieta, perdió el apetito. Podía pasar un día entero con solo un par de manzanas. Y estaba segura de que seguía gorda, gorda, gorda, por más que los números de la balanza no dejaban de bajar.

Jade logró respetar su dieta un par de meses antes de que su mamá se diera cuenta. Mientras tanto, Joanne seguía alterándola: no dejaba de presumir sobre sí misma y sugerir que Jade tenía kilos de más. Lo cierto era que parecía un esqueleto. Ahora sabe que tenía anorexia, pero en ese momento se creía cerca de la perfección. Uno o dos kilos menos y tendría el peso ideal. Su mamá pensaba algo diferente, decidió alimentarla a la fuerza antes de que fuera demasiado tarde. Jade comía y sufría, podía sentir cómo volvía a engordar. Aún recuerda un sándwich que le pareció particularmente asqueroso, se preguntó a sí misma por qué no podía vomitarlo y ya.

Ah… ¡Qué gran alivio! Mientras se lavaba los dientes, se le ocurrió que podía hacer eso todo el tiempo, era la solución perfecta. Su mamá la vería comer, y Jade seguiría delgada. Así fue como entró al “mágico” mundo de la bulimia. Por fin podía comer de nuevo: Joanne la estresaba mucho y, si bi