En su lectura del caso Llenas Aybar, a 30 años de acontencido, el entonces fiscal Francisco Domínguez Brito doce que el móvil inicial tuvo un componente económico atravesado por una idea que suena pequeña frente al horror: la vanidad. Domínguez Brito afirma que siempre creyó que buscaban dinero “para comprar unos jet ski”, para estar “a la moda” con su grupo.
Esa hipótesis conecta con otra observación que asegura haber confirmado en estudios posteriores con adolescentes: la combinación de vanidad (ropa, tenis, celulares “de moda”) e impunidad (la creencia de que “no lo iban a coger preso”) como caldo de cultivo de delitos graves. La tragedia, en esa lectura, no nace de una marginalidad automática, sino del derrumbe moral de jóvenes que “lo tenían todo” y, aun así, cruzaron límites irreparables.